La periodontitis es una enfermedad de etiología infecciosa. Su infección produce una respuesta inmuno-inflamatoria por parte del paciente, que desencadena la destrucción de los tejidos de soporte de los dientes. El objetivo del tratamiento de la enfermedad periodontal es frenar la progresión de la misma y, por lo tanto, aumentar la supervivencia de los dientes. Uno de los factores que pueden influir en el pronóstico de su tratamiento es la detección precoz (Pretzl et al., 2008). Debido a que la enfermedad, en la mayor parte de los casos, es silente, no suele ser diagnosticada precozmente, por lo que suele ser detectada en etapas más avanzadas de la enfermedad. Sus principales signos y síntomas son el sangrado y la inflamación de las encías, la migración dentaria, la movilidad dental y la halitosis. Además, en muchas ocasiones, la encía puede tener una apariencia normal en un paciente con poca placa dental, pero presenta grandes pérdidas de inserción (figura 1), por lo que el arma clave del diagnóstico periodontal, el sondaje, es imprescindible para la detección de la enfermedad.
Los datos epidemiológicos mostrados en
la Encuesta de Salud Oral de 2005 en España señalan que las enfermedades periodontales son muy prevalentes en la población española, con resultados similares a los de los países desarrollados. Así, en el grupo poblacional de 15 años, un 25% presentaba cálculo; en el grupo de 35 a 44 años, un 25% presentaba bolsas moderadas o severas, y el porcentaje de las mismas en el grupo de 65 a 74 años subía a un 38%. En cuanto a la pérdida de inserción, se observó que en el grupo de 35 a 44 años, más de un 7% tiene pérdida de inserción mayor de 6 mm, mientras que en el grupo de 65 a 74 años este porcentaje subía al 31% (Bravo-Pérez et al., 2006). Por lo tanto, estos datos muestran que la periodontitis es muy prevalente en España, un 25% en el grupo de 35 a 44 años y un 38% en el de edad más avanzada (de 65 a 74 años).

 

   
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